viernes, 26 de octubre de 2012

Perdidos




Hace tiempo, tras ver el final de Lost a eso de las siete de la mañana, con los ojos legañosos y el pelo despeinado, me puse a buscar reseñas de un final que creí no haber entendido. Después de mucho cavilarlo a lo largo de ese día, llegué a la conclusión de que aquel último capítulo se transformó en el clavo del ataúd donde pondría a mi querida serie, y guardaría en mi sótano mental donde coloco la bazofia más rancia.

¿Por qué ser tan duros con Lost? no es la decepción de que haya enigmas sin resolver, no es el hecho de no saber la esencia de la Isla (causa por la cual se han enganchado miles de fans, ansiosos). Es lo deshonesto del formato con el que fue presentado el programa, cuyo epílogo lo acerca más a una telenovela en las islas Hawai con algún drama místico que a una serie de ciencia ficción (como de hecho, sigue catalogada en FilmAffinity) Ni siquiera me he atrevido a volver a ver el capítulo que concluye con la historia: durante su transmisión, hubo un salto de aproximadamente diez minutos entre una escena y otra (perdonable, teniendo en cuenta que era instantáneo a su estreno en América) y no tengo el más leve interés por saber qué pasó en ese breve lapsus de tiempo.

Algunas reseñas positivas me dieron qué pensar, he de ser sincera. La más recurrida es la visión de la Isla como "la excusa" para que todo aconteciera, igual que en algunos clásicos del cine (me viene a la cabeza el famoso maletín de Pulp Fiction). Visto así, podría haber sido un excelente final que enmarca el patrón filosófico actual: todos comiéndonos las uñas por saber qué misterios envuelven a la Isla (que sería una metáfora del Cosmos) y al final, la moraleja de nuestra existencia se acerca más al Carpe Diem, al disfrutar la vida que se nos ha otorgado, que el intentar resolver el enigma que la envuelve. Si el final de Lost se hubiera expuesto así, habría sido la primera en aplaudir ante tal maravilloso mensaje estético.
No obstante, y perdónenme aquellos que defienden esta postura, el cierre de la serie no se acerca a esto ni por asomo: el creador y sus colegas han querido zanjar la cuestión con un acabado pseudorreligioso patético, con una puesta en escena del Purgatorio que atravesaremos todos juntos de la mano para llegar al paraíso (para colmo, en una Iglesia cristiana). Ignorando por un momento los fallos del chapucero final (¿dónde está el profesor dinamita, Ekko y su hermano? ¿hay gente prescindible en nuestra vida, ese es el gran cierre de los personajes?) al hacer un análisis de las primeras temporadas, no vemos más que una constante secuencia de preguntas sin respuesta, solidificándose en los números, en el fenómeno magnético terrestre, los apellidos de los personajes (referencias a filósofos y físicos que, a la larga, me han demostrado que eran una estrategia de marketing por darle un aspecto más intelectual a la serie) ¿nada de aquello es relevante únicamente porque acabamos reunidos en la capilla del cura don Manolo? La famosa frase de Jack, eslógan oficial de la serie, carece de completo sentido: vivir juntos, morir solos. El mensaje se vuelve lo opuesto: nada importa en la vida porque vamos al Paraíso juntos de la mano. ¿Y la Isla? sería absolutamente nada.

Aun así, podríamos decir que el sentido de la serie era minusvalorar la vida y hacer la muerte como el punto relevante de encuentro con nuestros seres queridos. Pero, como expongo más adelante, los propios guionistas se encargaron de eliminar esta posibilidad.

Algunas de las personas que interpretaron el final como algo místico se asombraron por el factor sorpresa. Esperando ciencia, encuentran magia, su boca se abre ante tanta originalidad y aplauden con entusiasmo. Como sostuve antes, esto también podría haber sido un final coherente, quizá menos pulido y bastante pobre de contenido; pero por desgracia, tampoco ha sido el caso: hago referencia, por supuesto, a los recursos estilísticos de la serie, tales como el uso abusivo de la música estridente para alertar al telespectador de que "algo está pasando". Si todo se remitía a la magia, y que cualquier dato de la realidad puede ser transformado o ninguneado en función de ella, todo esto pasa a ser un engaño y una estafa a nivel argumental, con miras a atraer a un público aficionado al racionalismo y no a lo imprevisible de la metafísica. Ya que todo puede ser "mágico y místico" ¿por qué aparece la música estridente cuando entran en la escotilla? ¿Qué importancia tiene que los números con las que Hurley se sumió en la mala suerte se encuentres grabados en la puerta? Hablando de Hurley, cuando está en un psiquiátrico (en uno de los famosos flashbacks) ¿por qué es sorprendente que una futura compañera sentimental se encontrase en la misma sala en ese mismo momento? ¿Qué importancia tiene que la Isla se mueva? Todo se trata de una trampa para mover al lostie en un río que promete acabar en mar y acaba en una nube. Es jugar sucio.

Pero no es solo el estilo de la serie que te obliga a pensar que estás viendo algo sustancioso: para mayor recochineo del sufrido telespectador, algunos de los guionistas lanzaban pistas para averiguar el tan esperado final. No solo de forma indirecta (mención de libros con temática similar, como El señor de las Moscas) Nos remitieron a uno de los vídeos del equipo científico de Dharma argumentando que "ahí encontraríamos pistas". ¿Ah sí? ¿De verdad que en el tercer vídeo de Dharma, donde se explica el fenómeno magnético de la Tierra se cierran las historias de los personajes? ¿Ahí se encontraba la clave de por qué Kate y Jack entrelazan sus manos antes de cruzar al Más Allá?

Kate y Jack, desde el principio todos sabíamos que iban a ser la pareja oficial.
Porque resulta que lo que importa es que somos personas que entablan lazos afectivos enormes, todo lo demás es prescindible. El propósito de la serie podría ser crear en el telespectador la necesidad de querer resolver el misterio, para darle una bella lección sobre la existencia: "la vida es un enigma, pero lo importante es disfrutarla, es vivirla con la gente, y en la muerte, estar juntos". Ese mensaje desde luego es jugoso para los más conformistas que ningunean la tercera, cuarta y quinta temporada (para esta servidora, ese mensaje igual sería un asesinato a la curiosidad innata en el hombre). Pero independientemente de las opiniones de cada cual, nuestros exprimidores de huevos de oro volvieron a eliminar esta posibilidad otorgándonos la pesadilla que no encaja con este hipotético mensaje: una sexta temporada chapucera engañabobos.

Independientemente de la calidad de la misma (muertes sin propósito, incoherencias argumentales, explicaciones irrelevantes, cabos sueltos a mil, y por supuesto, grandes fallos a nivel cultural), la sexta temporada es todo un epílogo de lo que ocurre en el Purgatorio de nuestros perdidos. El comienzo de la misma fue bastante sorprendente (además, la estridente música te advertía de ello): el avión en lugar de estrellarse, sigue su transcurso normal, sin incidentes. ¿Y la Isla? con complejo de pez, sumergido en las aguas del océano Pacífico.
Todos conservan un leve déjà vu de los demás, pero salvo Desmond, nadie parece darse cuenta de nada. Así que nuestro "brotha" se encarga de reunirlos a todos en una merendola celebrada en la bonita Iglesia ortodoxa que ya mencioné, donde marcharán juntos al compás de una melodía que sacará las lágrimas al empático lostie. Sin embargo, el batidero de chorradas que compone la sexta temporada necesitaba aliño especial, cortesía de los torpes guionistas: efectivamente, hablo de las historias de Jacob, Némesis y Richard, los personajes más misteriosos de la Isla. Historias sin sustancia, aburridísimas y cargantes, con muchas preguntas al aire y... ¡Ricardo! esa aberración de capítulo creo que es, con diferencia, lo peor de toda la temporada (un canario con acento mexicano que, durante el legado de Felipe II, en plena guerra con la corona inglesa, se va de colegas con unos ingleses a América y acaba perdido en el Pacífico, ¿alguien entiende esto?) Pero no quisimos protestar, pues todo esto "podría tener sentido si..." y con esa condicional, los creadores de la serie inflaron sus anheladas cuentas en las Islas Caimán.

Sigamos: la otra parte de la sexta temporada era el "...¿por donde iba?" de la quinta, después de que Julliet activara la bomba de hidrógeno: Kate, Jack y Sawyer aparecen desperdigados entre los árboles con una ligera sordera. Julliet muere, no sin antes decir con agonía "funcionó" lo cual, pensamos todos los losties, significa que no habrá accidente (hecho que se confirmó en el comienzo de esta temporada. Luego descubrimos que aquello era parte del pre-cielo, y que Julliet se refería a una estúpida máquina de chocolatinas).
Sawyer, una buena excusa para seguir aguantando tomaduras de pelo.
Según avanzaba la temporada aparecen elementos más guays y sorprendentes (a la par de incoherentes): samuráis, resurrecciones, personajes olvidados como la australiana embarazada, templos hechos de cartón-piedra... todo ello mezclado con las mencionadas historias de Jacob y su hermano Némesis, y una breve historia de la Isla como un lugar que "necesita un guardián" (si bien, no ofrecen unas explicaciones convincentes para ello).
Y en el último capítulo, el cúmulo de subnormalidades llegan a su clímax:  no importa el misticismo de Locke, ni los poderes de Desmond, ni los acontecimientos paranormales de Walt (¿alguien se acuerda de Walt? aquella promesa de la primera temporada), ni las batallas de Ben con el vejete rico. En realidad lo más importante es saber el origen de los cadáveres del principio. la alegre pareja de ancianos que guardaron la fe en todo momento. ¿Qué narices?
Ah sí, y que todos vamos al cielo, y mientras el Jack del Purgatorio recibe la noticia con lágrimas, el Jack de los años sesenta (o setenta, o del 2015, o del año de Matusalén, es irrelevante) cierra sus ojos tras ser galardonado como "Guardián de la Isla" ante el aplauso de un público que prefirió tomar el avión para escapar. Y fin.

Ahora, vayamos al veredicto: ¿fue Lost una pérdida de tiempo?

Pues eso depende de lo que te haya cundido semejante engaño. Personalmente, al no haber perdido seis años de mi vida, y al no estar a eso de las cinco de la mañana en foros Lost comentando mis teorías y alimentando más el vicio, puedo decir que me alegro de haberme topado con esta serie (en sus primeras temporadas me sumergí de lleno) y las conservaré con mucho cariño. Sin embargo, decididamente no la recomendaré (al menos no es su totalidad) a ningún conocido al que le guarde aprecio por todo lo dicho anteriormente. La historia ha resultado ser más parecida al drama que podemos encontrar en series como "Anatomía de Grey" (no quisiera criticar dicha serie, creo que es bastante honesta y en ningún momento pretende hacerse pasar por el género de ciencia ficción)

Estas son mis conclusiones. Otro día quizá me anime a hacer pública mi teoría de la zapatilla de Julliet en el bambú (en el primer y en el último capítulo aparece una zapatilla colgada de color blanco, música estridente incluida) en relación con las mutaciones magnéticas de los procesos físico-geológicos de Neptuno. Porque, como dice un atento caballero del FilmAffinity:

"Si te decides a verla, no mires los cinco minutos finales: invéntate tu propio epílogo. Te cundirá más" Nietzsbender

Y esto es todo señores. Una última cita que encaja con todo el propósito de la serie:

"See you in another life, brotha" Desmond.

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